Un cuento mítico

TIERRAS DE CRISTAL

En Tierras de Cristal un ingenio de hierro se movía vomitando humo desde sus entrañas de engranajes chirriantes. Avanzaba con rapidez, apisonando el suelo que se quebraba a su paso, atronando los oídos estremecidos, con indiferencia aplastante y orgulloso estruendo por no tener nada que temer. Aquellos que lo veían pasar se estremecían de horror, los que no, lo escuchaban lejano, llenos de premoniciones pavorosas y sobrecogidos hacían ofrendas al Cristalero Creador y su amiga la diosa Ármonis. De qué infierno había surgido el monstruo de hierro nadie podía ni imaginarlo, solo lo veían avanzar por la superficie de su preciosa Tierra de Cristal, rompiendo y aplastando las formaciones globuladas de sus bosques, las montañas de caolín, las estalactitas y estalagmitas que se extendían por cualquiera de sus zonas y que habían estado reflejando la luz durante milenios, prismas en los que la  luz blanca penetraba y la descomponía en todos sus valores irisados en singular espectáculo.

Algunos de sus habitantes había oído hablar de la Montaña del Cristalero donde decían que se originaba todo lo que allí existía, aunque nadie lo había pensado demasiado pues siempre habían vivido en paz y absoluta felicidad. En ese estado de armonía la existencia se justificaba a sí misma.

Uno de ellos salió en su busca, era necesario encontrar respuestas y evitar tanta destrucción. Cuando llegó se vio sorprendido por el calor del suelo, trepando por la piedra y cristal oscurecidos hasta que encontró una grieta de la que salían densas emanaciones de humo negro y amarillento. Audaz, entró por la gran grieta viendo que la montaña se revelaba con un inmenso corazón de fuego y lava, oculto entre sus paredes. Allí había un gigante, un coloso que soplaba un instrumento semejante a una vara y de cuyo extremo salían enormes globos de una masa indefinida a la que daba forma con un martillo y luego cortaba para ponerlas a enfriar a un lado. A su derecha un enorme caldero hervía lleno de lava, a su izquierda otra materia que se le hacía familiar al buscador de respuestas. Él conocía las formas que iban surgiendo, se encontraban por todas partes en Tierra de Cristal, y sobrecogido aunque con un sentimiento que más tarde definió como decepción, pensó que se hallaba ante el gran creador de su mundo.

Mucho tiempo estuvo observando tan bello trabajo desde su escondrijo, cuando reparó en que el coloso lo dejaba para sacar más herramientas; un martillo más pesado, unas tenazas y otros enseres desconocidos y de extrañas materias pero que parecían recordarle algo, algo desagradable. El coloso pasó a golpear con fuerza la materia prima que calentaba en la lava y a sacar nuevas piezas de extraños rebordes. Cuando las piezas se enfriaron, observó sus características descubriendo angustiado que tenían la misma cualidad opaca y terrible que las del ingenio atronador y destructivo que le había llevado hasta allí.

Ahora tenía su repuesta si bien no estaba seguro de cual era su significado. El creador de la montaña no solo era cristalero sino también herrero, había estado trabajando sobre su mundo y ahora lo estaba destruyendo ¿tal vez para crear uno nuevo lleno de ingenios rugientes? ¿o tal vez para seguir llenando de nuevas preciosas creaciones de cristal aquello que había sido destruido?, indignado y dolido salió de su escondrijo y así se lo preguntó al coloso. Este apenas giró un poco la cabeza cuando escuchó la diminuta voz que chillona le desafiaba, en cambio, pareció sonreír y suspirando continuó con su trabajo. Cuando el buscador de respuestas ya se daba la vuelta vencido, el coloso habló y le dijo “escucha con atención”. No sabía muy bien que tenía que escuchar pero puso todo su empeño y concentración, al tiempo se relajó y entonces, en el rugido del fuego de la montaña diferenció algo, aún se concentró más y escuchó un rumor que parecía decir: “yo soy vida, destrucción”

Como solucionar eso. Tal vez… tal vez era vida y destrucción como decía, pensó, pero de donde había surgido él. Y, lo más importante, ¿se podía dialogar con ese fuego creador?

Los buscadores de respuestas tienen un largo camino de frustración. Y de los mundos que se destruyen no surgen nuevos para sustituirlos.

JANTE

 

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2 comentarios en “Un cuento mítico

    • Sí, Luis. Me alegro que te gustara. Todo lo que dejo escrito es mío. El dibujo en este caso no pero he dejado enlace de donde lo he cogido porque venía mucho al caso.

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