El rincón del poeta

Hay lugares que parecen tener una obstinación particular en ejercer un tipo de influencia sobre aquél que se acerca a ellos. Suelen consistir en sublimes paisajes que arrostrar, en los que la naturaleza se exhibe haciendo sentirse diminuto, humilde y agradecido al espectador capaz de disfrutarlos. En cambio, muchos de estos lugares tienen esa misma influencia pero son de aspecto mucho más modesto. En ellos, las personas son poetas. Como ese rincón de la taberna en el que se sueña a voz en grito con la boca llena de verdades y sabor a vino. Pero solo ocurre ahí, y no en otro lugar. O como el banco de piedra, bajo la encina centenaria en el que los novios declaran su amor pensando siempre que son los primeros en hacerlo allí. La fuente junto a la escalera de la calle empinada, en la que sentarse y pensar imaginando, visionando. La mecedora junto a la ventana de la antigua casa..

Las personas no sospechan porqué son abordados por la poesía y las esencias en estos lugares tan concretos. Yo conozco la verdad, me la contó el viento. Es porque han llegado a un “rincón del poeta”, éste es el nombre que reciben. El viento conoce todas las historias de aquellos lugares por donde pasa y las convierte en rumores entre las hojas de los árboles. Aunque sus historias deben ser creídas a medias, ésta se que es cierta, porque cuando miente forma remolinos en los que mezcla las palabras y esta vez me habló con brisa fresca y discreta.

pensando en verde

Me contó la historia de Juan Pino, un militar de rotundo aspecto, casi dos metros de hombre intimidante y fuerte, pero con los ojos del color del mar del lugar donde nació. Los años habían pasado sobre él, las historias, los amores, las vidas y la muerte habían dejado alguna marca en su rostro enmarcado por un pelo abundante y cano, aunque el mar nunca le había abandonado, permanecía en sus ojos y escritos en la forma de una profundidad en la que se sumergían sus letras como peces de colores, abisales, creando estelas que eran metáforas, versos que acariciaban el agua. Escribía sobre todo poemas. Siempre en la misma mesa al fondo del bar desde donde podía avistar a todo el que entraba y le dedicaba una mueca bien burlona, bien de desprecio, rara vez de aprobación.

Allí bebía y bebía y cuando le apetecía, lo hacía acompañado y entonces sí, entonces reía ampliamente y se divertía hasta que empezaba a sentirse hastiado de la humanidad de nuevo.  Y seguía bebiendo y escribiendo. Con sus letras enamoradas las unas de las otras y que se unían para dar luz, pero luz ciega al mundo, pues nadie las leería. Eran sólo para él.

Me contó el viento, que un día Juan Pino, el poeta, que no el militar, dejó de acudir a su mesa al fondo del bar porque por fin retornó a su más profundo mar. Me apuntó además, algo chismoso, pero apenado, que pensaba que no había muerto en paz, recordando algún amor perdido, de esos que si se pierden la culpa acosa y el alma llora.

Pero también me dijo que en aquella mesa a la que siempre había acudido a escribir sus poemas ciegos, se formó un “rincón del poeta” y que eso ocurre solo en esos sitios donde un poeta escribió poesía que nunca se escuchó. Así se compensa ese mal y todo el que alli se encuentra, sin saber cómo, saca su poeta más escondido y se ofrece a sí mismo o al que esté junto a él palabras que son sueños y sueños que son peces de colores en estaciones bajo el mar.

 

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Un comentario en “El rincón del poeta

  1. Una historia sorprendente, muy hermosa y triste, y, por desgracia, bastante común. La magia nos envuelve, por doquier. La vida es mágica, cuando se vive por amor. Pero la magia -el amor-, aunque parezca contradictorio, nos da miedo. Acostumbrados a vivir siempre en la incertidumbre, temiendo lo peor; al ser humano le cuesta abrir su corazón y soñar. Con los años, nos volvemos conservadores y no nos gustan los cambios. Al final, casi todas las personas nos volvemos cobardes, renunciamos a nuestros sueños y terminamos buscando refugio -fíjate, que contradicción- en nuestras propias vidas: en lo cotidiano, en la comodidad, en lo que conocemos…, el lo que detestamos!! Hay mucho “corazón cobarde”, que se engaña!! La vida es aventura, riesgo…; y, por más que nos empañemos, no podemos cambiarla: la vida es así!! Para sentir la magia de la vida hay que abrir el corazón, no hay otro camino, al amor; aún, a riego de que nos lo rompan.

    La historia de Juan Pino es la historia de muchos hombres que buscan refugio en sus propias vidas. ” El rincón del poeta” es el refugio de los soñadores; el lugar donde, esos mismos hombres, entre risas y jarras de cerveza, desinhibidos de sus miedos o frente a un papel, toman conciencia de la mediocridad de sus vidas y oyen, al fin, sus corazones clamar vida, clamar amor: dejan latir, al fin, su corazón!!

    La magia esta en la vida; la magia está en el amor!! Es cierto, que hay lugares que tienen un encanto especial: son todos esos lugares donde abrimos nuestro corazón!! Esos lugares donde todos nos sentimos poetas.

    Por cierto, a mí, lo que cuenta el viento es que, por ahí, hay un corazón sensible y delicado, un corazón poeta: una mujer preciosa, con los ojos verdes lanzando chispas como estrellas, que quiere abrir su corazón al amor; una mujer valiente – esto me lo susurro el viento, al oído-, con el cabello suelto e insinuando su estilizado y delicado cuello, que busca a aquél que le dé un beso de amor que le haga volar en el cielo como un cometa: para llenar su vida de luz, de amor , de ilusión y de arte. Bonita historia. Gracias.

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